Dialogo social Nuevo reto para reivindicar nuestros derechos
Si hacemos un recuento de las grandes movilizaciones y protestas que se han producido en nuestro país a lo largo de su desastrosa historia, confirmaremos con bastante desilusión quelos conflictos sociales se han enarbolado por la exclusión a las clases sociales, porque el gobierno a través de los "señoritos" que han tenido en sus manos los destinos de nuestra patria, no han hecho más que implementar salvajes políticas de represión social, no permitiendo la libertad de expresión e ideología como efectivamente se encuentra recogido en nuestra legislación.
En el Perú, toda acción de protesta ha sido reprimida de manera cruel y salvaje por parte de los gobernantes, esto, como si se tratara de invasiones extranjeras o suicidas guerrillas, pese a la normatividad vigente no han sabido escuchar, dialogar y menos han demostrado una actitud madura de sentarse alrededor de una mesa y civilizadamente poner punto final al clamor popular, más bien su actitud ha sido bastante temeraria como la de un demente.
En la actualidad, esas luchas sociales tenemos que replantearlos. La lucha y el dialogo social se tiene que hacer con un objetivo central de la búsqueda de una sociedad más justa, equitativa e inclusiva para que todas las grandes mayorías se sientan parte del estado y no se encuentren en total abandono y postergación como por décadas ha sucedido, y aun esto, sigue latente; ha quedado demostrado que los interesados en el dialogo social no son los agentes del gobierno, porque estos son los que tienen el absoluto poder sobre las minorías, por ello, a través de la historia se ha confirmado que no existe voluntad política de institucionalizar el dialogo.
Somos testigos de que se firman una serie compromisos, los cuales no se cumplen y esto se transforma en una burla para la ciudadanía.
Por eso, tenemos que construir una gran masa social y sindical, de esta manera podremos imponer el dialogo social, con la única misión de que los derechos de nuestros ciudadanos del interior de nuestro país sean respetados.
Entonces y solo entonces veremos cambios trascendentales y no meras actitudes apaciguadoras, puesto que los conflictos sociales son capases de trastornar la estabilidad, y degollar a la precaria y alicaída democracia que a diario viene agonizando producto de la trasnochada oligarquía tradicional que no ha hecho más que hipotecar los intereses nacionales a las arcas de perversos capitalistas que no han hecho más que sumirnos en la pobreza, en la pujante delincuencia que a diario se incrementa, la corrupción institucionalizada, al grado de que muchos comentaristas lo catalogan como un cáncer social que se ha enquistado en los altos poderes del estado.
Estoy convencido que la verdadera democracia solo es posible si para las grandes mayorías de desempleados existiera trabajo digno, donde se respeten exclusivamente los derechos, sin represión ni persecución por razón de protestar por sus derechos que les corresponde como ciudadanos peruanos. En hora buena. Siempre.
